Taller de costura (3ª Parte)

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Taller de costura (3ª Parte)

Mensaje  Pedrete el Jue Jul 29, 2010 12:56 pm

Hilos y encajes.

Hilaturas. Si en el apartado dedicado a las telas deciamos que las mejores son las de fibra natural, en el caso de las hilaturas para coser, las de poliester son las más recomendadas. En el caso de los bordados no, estos hilos han de ser de algodón 100%, tipo perlé o mouliné, dependiendo de la labor a realizar. El hilo de hilvanar es también imprescindible en nuestro taller, tanto para marcar lineas de costura así como para cojer dobladillos.
Encajes. El origen histórico del encaje se fija por lo general a mediados del siglo XVI y se supone que nació en Venecia. Pero si entendemos por encaje cualquier tejido transparente y bordado, hay que remontarse a las antiguas civilizaciones de Oriente para encontrar sus primeros vestigios. Pero según la definición de encaje, se supone que es más reciente habiéndose disputado su paternidad venecianos y flamencos a mediados del siglo XVI. Sin embargo, en España ya se ejercitaban las labores de encaje de aguja y al bolillo medio siglo antes en varias poblaciones de España y con seguridad procedían de los conventos de monjas.
Los encajes más recomendables en la confección de vestuario para personajes a escala 1:12, son los de fibra natural, en su variedad de valençiens o bolillos. Aunque existe una variedad muy amplia de tipos de encanje, los más conocidos son:

Punto de Venecia. Fue el primero conocido en los mercados de Europa y el que más influencia tuvo en sus talleres.
Punto de Malinas. El punto de Flandes floreció en Malinas. Se distingue por sus mallas de orificios redondos o hexagonales y por sus flores y hojas naturales que se bordean con un hilo más grueso pero sin relieves. También se fabricaba en Amberes y Lovaina y con hilo más grueso y peor malla en Arras y Lille.
Punto de Alenzón o punto de Francia. Desde el siglo XVI, se trabajaban los encajes en diversas poblaciones de Francia pero desde 1665 prevalecieron los talleres de Alençon, imitando a Venecia. Se distingue de ésta en dar más precisión y naturalidad al dibujo.
Punto Colbert. Llamado así en memoria del ministro de Luis XIV, Juan B. Colbert que tanto favoreció estas industrias en Francia desde 1661, un punto que tuvo gran desarrollo en Alenzón y otras ciudades francesas. Se caracteriza por el gran relieve de sus dibujos.
Punto de Bruselas. Se caracteriza por la finura del hilo que procede de un lino especial y la tendencia a la naturalidad en las figuras y motivos vegetales.

Si tiene en casa encajes antiguos o prendas pasadas de moda, recupérelos a la hora de vestir a sus muñecas, ya que estos encajes con aspecto ligeramente ajado, siempre le dan un toque especial a cualquier prenda realizada con ellos. Los encajes nuevos también se pueden envejecer con procedimientos caseros, tales como el teñido con anilinas sintéticas, té o café.

Es bueno disponer de variedad de encajes en el taller, así podremos decidir mejor acerca de cual es el más indicado para la decoración de la prenda que estemos realizando. Uno estrecho, ya sea recto, fruncido o plisado, sirve para adornar lenceria, corsets,cuellos, vajos, canesús, polisones, delantales, colas y sombreros. Uno más ancho sirve para prendas enteras en vestidos de estilo eduardiano, o para la confección de volantes en un vestido de crinolina o en la cola de un vestido victoriano. Los motivos recortados en un encaje, se convertirán en preciosos canesús, así como en adornos para la ropa de casa, tipo tapetes o caminos de mesa.

Un encaje de color a juego, queda muy bién como adorno, y los de tonos pastel sirven para vestiditos de muñequitas de muñecas. Los encajes de color negro siempre aportan este toque dramático y sofisticado.

Los de color crema o marfil son más apropiados que los blancos para un traje de época. Un encaje blanco se puede teñir con té para darle un tono crema, o con café para un tono más tostado. También los podemos decolorar con lejia para conseguir así un blanco sucio. Tiña siempre bastante cantidad, porque no es fácil obtener exactamente el mismo tono dos veces. Pruebe primero con una mezcla floja, añadiendo más tinte para acentuar el tono. Remueva para que el color sea uniforme, aclare con agua fría y ponga a secar en el tendedero.

Cintas y galones.

La abundancia de adornos es típica de los estilos victorianos y aparece a menudo en los modelos de este periodo. Un ribete puede realzar un vestido o un sombrero, u ocultar defectos o errores, y debe ponerse en la unión de una puntilla con la tela. Imprescindible en el adorno de cortinajes y colchas, así como remates de tapiceria.

Las cintas son uno de los elementos de la familia de los tejidos estrechos, igual que los trenzados y las pasamanerías. Técnicamente, son tejidos de menos de 20 cm de ancho. Se distinguen de los trenzados porque los hilos se cruzan de igual forma que en los tejidos anchos más habituales: en el telar se disponen paralelamente un conjunto de hilos longitudinales (o urdimbre) que son cruzados perpendicularmente por otro hilo que los une (llamado trama) para formar la tela. El resto de tejidos estrechos se realizan con otras técnicas: en los trenzados los hilos se entrecruzan como si se tratara de una trenza compleja, mientras que en las pasamanerías se retuercen los hilos hasta conseguir la forma deseada
Según el tipo de hilo con el que están confeccionadas y según la utilidad que se les da, se puede distinguir dos grandes tipos de cintas:

-Las cintas «toscas», tejidas en hilo de fibras poco vistosas –como algodón, cáñamo o lino grueso que se usan principalmente en la confección, para reforzar y realizar las prendas de vestir.

-Las cintas «finas», elaboradas con hilos de fibras más lujosas como la seda –en la actualidad también se usa el rayón y el poliéster–, se usan principalmente para decorar prendas de vestir y muchos otros objetos.


Galones.

Un galón estrecho resulta muy útil como adorno, es un cordón fino con espirales o lazos en un lado que se curva muy bién para rematar los bordes.

El galón fruncido viene muy bién para rodear escotes, puños y bajos de vestidos, así como para adornar sombreros y gorros típicos del estilo victoriano. También es perfecto el picot braid, tanto sencillo como labrado, así como el soutage o galón de grosgrain (grosgrén), evitando el de polyester rigido, que es más difícil de manejar.


LAS CINTAS EN LA HISTORIA DE LA MODA

La importancia de las cintas se puede apreciar en las obras de arte. Se sabe que en las antiguas civilizaciones mesopotámicas y griegas se llevaban ceñidas en la frente. Esta cinta representaba, entre otras cosas, el símbolo de victoria para los atletas vencedores en los Juegos Olímpicos.

Además de esta función simbólica, las cintas de seda –la fibra que más ha representado el lujo en la historia– han tenido un uso suntuario. Se han utilizado como un signo externo de riqueza aplicado a las vestiduras junto a blondas, brocados y pasamanerías. Del siglo XVI al XVIII decoraron indistintamente prendas masculinas y femeninas, pero a partir de la Revolución Francesa se feminizaron definitivamente. Durante los siglos XIX y XX se usaron como «joyas» de los pobres en toda Europa: como soporte de colgantes, gargantillas, medallas militares y adornan los peinados, el calzado, los sombreros y los vestidos de fiesta populares. En resumen, según los historiadores de la moda, las cintas de seda han sido un símbolo de elegancia a lo largo del tiempo.

Las cintas bastas y los cordones trenzados han sido desde la antigüedad una necesidad en la confección, usados para reforzar la estructura y para unir distintas partes de las prendas.

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