Historia del vestido

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Historia del vestido

Mensaje  Pedrete el Vie Jul 30, 2010 1:22 pm

Historia de la moda.
Prólogo:

El vestido, tanto sea de piel, de lana o de tela cumple siempre una función determinada. Protege el cuerpo de los elementos naturales, lo cubre al mismo tiempo que lo realza. Es por así decirlo, como una segunda piel.

La moda comenzó siendo una expresión del poder de la clase dirigente, que defendia su privilegio hasta tal punto que algunas modas eran exclusivas de los monarcas. Los estilos fueron bajando progresivamente por la escala social, y con el tiempo cambiaron más rápidamente y se hicieron más asequibles.

Hoy en dia, estos diseños pueden ser vistos como simples curiosidades por el historiador "amateur" ávido de imágenes populares de antaño, y siguen siendo tomados como referencia para muchos diseñadores o creadores. Al transcurrir los años, han sido fuente de inspiración para los artistas, pintores, escultores o dibujantes, como también para los sastres, diseñadores y modistos.

Desde la antigüedad hasta la actualidad, el "Arte vestimentaria" en toda su fantasia, no ha dejado indiferente a nadie.

En el mundo de las casas de muñecas, el interés por la moda suele remontarse hasta el siglo XVIII, aunque se pueden investigar estilos anteriores en libros de moda e historia. He condensado aquí muchos años y pequeños cambios para dar una impresión general de cada época, desde los recargados vestidos de mediados del siglo XVIII, pasando por los ligeros y cómodos vestidos de linea vertical del estilo Imperio, la vuelta al corset en 1820, la sobriedad y recato de las faldas acampanadas de 1840, el polisón de los años 70 y 80, el cuerpo de ánfora de 1890,el sinuoso perfil en forma de "S" de 1900...La silueta de la mujer ha sufrido constantes cambios a lo largo del tiempo a costa, muchas veces, de sacrificar la comodidad e incluso, la própia salud.

El Rococó, siglo XVIII

·Con la victoria de la Revolución Francesa sobre el "ancien régime", los cambios en el estilo del vestir son solo relativos. Las tendencias que desembocaron en el estilo Luis XVI, el abandono del barroco y el retorno a la antigüedad clásica, continuan su evolución acentuando de manera natural, las características que definirán posteriormente el estilo Imperio.
Caracterizada por una elegancia propia del barroco tanto en la forma como en la ornamenteción, el vestuario de mediados del siglo en adelante, continua utilizando, aunque con una presencia más discreta y austera, las telas suntuosas-seda, raso, brocado, terciopelo, encaje y muselina fina- Como las telas eran caras, las ropas se forraban para conservarlas mejor, porque se descosian y remodelaban varias veces.

Las señoras llevaban corpiños ajusados sobre unas faldas decorativas y amplias, abiertas por delante, llamadas guardainfantes. Dichas sobrefaldas se llevaban sobre unas enaguas muy elaboradas. Los escotes eran bajos, adornados con encaje o cubiertos con un pañuelo fino de algodón bordado o encaje y las mangas con volantes a juego, se ajustaban al codo. Predominaban los tonos suabes como el amarillo, rosa o celeste.

El pelo se recogia en un moño alto adornado con tirabuzones, aunque casi siempre iba cubierto con pelucas llamadas "pouf", que se epolvaban con harina. Las cofias de encaje y los sombreros de paja reemplazaron los gorros con frunces y volantes. Las señoras elegantes llevaban primorosos delantales de muselina.
Hacia 1770, los vestidos largos eran más elaborados, con muchos encajes y adornos. Las pelucas alcanzan unas dimensiones extraordinarias al estilo Mª Antonieta. Las mujeres llevaban una cinta en el cuello con un lazo o una flor, y ambos sexos usaban medias blancas y zapatos de tacón alto con hebillas y lazos.

Entre 1780 y 1790, en España fue muy popular el estilo "Goyesco". Las faldas se drapeaban en cestos y volvieron a estar de moda las pañoletas. Se usaban somberos enormes y redecillas adornadas de madroños, volantes y grandes lazos llamados carambas. Los peinados se suabizaron con bucles alrededor de la cara.

Estilo Imperio, comienzos del siglo XIX.

Cuando el 2 de Diciembre de 1804, Napoleón es coronado emperador de los franceses, todas las peculiaridades características del naciente estilo Imperio, estaban ya presentes en el recién terminado período del Directorio.
Los gustos del recién extrenado siglo XIX, se caracterizaron por un predominio de la sencillez seudogriega clásica e influyó decisibamente en la arquitectura, el mobiliario y, por supuesto en el vestuario.

· Gracias a las campañas militares de Napoleón y a su deseo de rememorar el antiguo esplendor de la Roma Clásica, los vestidos femeninos pasan a ser en algunos casos, copias de la indumentaria de las matronas romanas. Consistia basicamente en un vestido de talle alto, largo hasta el suelo, escotado y de manga corta, la cual conferia a la mujer un aspecto muy esbelto y vertical. Era una moda que parecia estar diseñada basicamente para lucirla en verano, devido a la ligereza de su aspecto. Los trajes de noche se alargaban por detrás luciendo una gran cola, y en los trajes de corte se usaban bordados de oro y plata, lo cual daba al vestido un aspecto "magestático".
Normalmente se usaban tonalidades más bién pálidas y tejidos etéreos como el lino, el algodón, la seda o la muselina. En invierno se usaban paños, terciopelo y percal. Estubieron muy de moda las chaquetas Spencer de mangas ajustadas y el redingot, una especie de chaqueta inspirada en las que se usaban para montar a caballo. También fueron muy populares los chales, fabricados en gran variedad de tamaños, materiales y colores, esta era una prenda que se lucia todo el año. Fueron muy apreciados los de cachemira.

El peinado consistia en un gran moño muy alto, adornado con cintas, diademas o peinas, o bién era muy corto con bucles en la frente, sienes y nuca. También se utilizaban multitud de pelucas y postizos de todos los colores.
Se usaban multitud de sombreros, gorros y tocados, aunque el más popular fue el sombrero de casquete, que se siguió utilizando hasta mediados de siglo con diferentes variaciones. En casa siguió siendo frecuente el uso de cofias de organdil y gasa adornadas con cintas y encajes. A raiz de las campañas militares de Napoleón en Egipto, se popularizó el turbante, adornado con plumas y broches de piedras preciosas, y también las boinas, colocadas de medio lado.

El calzado más habitual fueron las sandalias y los zapatos planos, confeccionados en tafilete y telas bordadas a juego con los vestidos. Eran de punta fina e iban ajustados a los tobillos con cintas y estuvieron de moda hasta mediados de siglo. La ropa interior consistia en unos pantalones largos hasta los tobillos y una fina camisa de algodón sin adornos. El corset fue suprimido.
La moda de la segunda década del siglo XIX no se diferencia mucho de la anterior; el talle de las faldas sigue siendo alto, aunque el largo se acorta un poco y se adorna con encajes y bordados, aunque de forma muy discreta. Las mujeres siguen usando los mismos sombreros de casquete aunque cada vez con una visera mayor. Los bolsos de moda son las populares "limosneras", confeccionadas a juego con el vestido o de malla de encaje. El uso de guantes largos y mitones sigue siendo imprescindible.
En la siguiente década, las faldas ganan un poco más de vuelo y se acortan aún mas dejando ver los tobillos. Estos bajos son cada vez más adornados con volantes y encajes. El talle sigue siendo alto, aunque cada vez menos. Las mangas ganan también algo de vuelo y se ponen de moda las esclavinas y las gorgueras o golillas. El peinado solia ser un rodete o moño muy alto, adornado con cintas y flores de tela y unos rizos o tirabuzones que caian sobre la frente y las sienes. El popular sombrero de casquete sigue y sigue ganado altura y cada vez se adorna de una forma más sofisticada.
·Es alrededor de la década de 1830 cuando se vuelve a recuperar el uso del corset, devolviendo así el talle del vestido a su altura natural, consiguiendo con ello una cintura más fina y delgada. Los vestidos son cada vez más complicados a causa de los multiples adornos que se utilizan, siendo las faldas cada vez más acampanadas, devido a las varias capas de enaguas que se usaban, y siguen dejando ver las zapatillas planas atadas con cintas a los tobillos. Caben destacar las medias que se realizaban en esta época, ya que sus vivos colores y sus delicados bordados las convierten en verdaderas obras de arte.
Las esclavinas, magas de farol y las viseras de los sombreros, alcanzan unas dimensiones jamás pensadas, dando lugar a multiples bromas y caricaturas que ridiculizaban esta extrabagante moda. En los teatros y salas de conciertos, llegaron a estar prohibidos devido a que su desmesurado tamaño, impedia la visión a las personas que ocupaban los asientos traseros.

Los hombros sin embargo son muy bajos, y en los vestidos de noche el escote de barco, los deja al descubierto. Se usaban también los delantales de muselina muy elaborados. También fueron muy populares los cinturones.

Romanticismo.Mediados del siglo XIX:

En la década de 1840, el color es el principal protagonista, aunque no es hasta finales de 1850 cuando se empiezan a utilizar los colores sintéticos. Hasta entonces solo se usaban pigmentos orgánicos e inorgánicos. A pesar de ello en esta década proliferan los colores muy vivos junto con los estampados, cuadros y rallas.
Los amplios cuellos y pelerinas caen en desuso, cediendo protagonismo a unos hombros cada vez más caidos y a unas mangas cada vez más ajustadas, al contrario que las faldas, que cada vez son más ahuecadas creandose para ello la crinolina, una especie de miriñaque, inspirado en los que se usaban en el siglo XVIII, pero esta vez de forma redonda. Este miriñaque se fabricaba con aros de acero flexible, que se sujetaban unos a otros a través de cintas o cosidos a una enagua confeccionada con tela de lienzo. El largo de las faldas llega nuevamente hasta el suelo.
Aunque estaban de moda los colores vivos, el aspecto de la mujer adquiere cada vez una imagen más recatada, usandose para salir a la calle unas capas cortas incluso en verano, y los consabidos sombreros de casquete cuya visera se va moderando poco a poco y ajustándose a la cara. El vestido era de una sola pieza y solía ir abrochado en la espalda con cordones y ojales; más tarde, a partir de 1845, se impuso una moda más práctica, y la falda y el cuerpo se confeccionaban por separado.
1850 El romanticismo.
En la década de los 50, en plena era romántica, la estética femenina adquiere su forma más delicada y sublime. Los trajes de noche de pálidos tonos y amplios escotes y los tonos oscuros y cuellos cerrados de los vestidos de dia, contrastan en una mezcolanza de recato y exibición.

Los rostros femeninos muy pálidos, como de porcelana, se consiguen a fuerza de usar incluso maquillajes con sustáncias toxicas que blanqueaban la piel.

El corset ciñe cada vez más la cintura, consiguiendo con esto el famoso "talle de avispa", que se ve incrementado gracias al vuelo casi imposible de las faldas, que aparecen enormes, sobre todo en los trajes de noche. Las mangas son largas y ajustadas hasta el codo, a partir del mismo se ensanchan dando pie a la llamada "manga pagoda". En los vestidos de noche la manga suele ser diminuta y muy rizada.

Debajo de la crinolina, las damas llevaban unos pantalones largos hasta los tobillos, estos solian ser de algodón blanco o franela y se adornaban con multitud de alforzas, vainicas, entredoses y bordados con pasacintas de seda.
Durante el dia se estilaban los tejidos deribados del algodón y la lana en tonalidades más bién oscuras, como el verde, el marrón, el violeta o el púrpura. Siguieron siendo populares las rayas y cuadros, así como las zarazas estampadas de flores. Para la calle estaban de moda las chaquetas cortas, que se llevaban ajustadas al cuerpo y abrochadas de arriba a abajo. Los sombreros seguian siendo como no, las capotas de tela endurecida o de paja, adornadas con cintas, encajes y flores, sobretodo en su cara interna, la cual enmarcaba el óvalo del rostro entre volantes de encaje y flores de seda. Se sujetaban con cintas de satén muy anchas y anudadas bajo la barbilla.

Los zapatos seguian siendo zapatillas muy planas.

Para la confección de los vestidos de noche, se preferian las tonalidades pastel en telas como la seda, el raso, el moiré o el tul, que se inventó entonces. Los escotes eran amplísimos en forma de barco y con un pequeño entrante a la altura del pecho en forma de corazón. Solian ir adornados de plisados bién de la misma tela o adornados con encajes, cintas y flores. Hacia 1860 las faldas eran tan grandes, que dos mujeres no podian sentarse juntas en un mismo sofá.
También se pusieron de moda los trajes de encaje, aunque solo los podian llevar las damas muy ricas, pues eran piezas carísimas. Estos encajes solian ser de Chantilly o Alençón y estaban confeccionados con tul bordado a mano. Un célebre vestido de encaje, fue el que lució la Emperatríz Eugenia de Francia para la Exposición Universal de París de 1867, donde 40 mujeres trabajaron durante 7 años.

A partir de esta década se establece definitivamente el color blanco para los vestidos de novia, como símbolo de pureza y virginidad.

El peinado de moda era con raya en medio y moño con bucles, o rodetes muy bajos acompañados de trenzas a los lados. Dentro de casa, las mujeres casadas usaban papalinas de encaje adornadas con cintas y flores. La convención del luto mantuvo a familias enteras vestidas de negro durante largos períodos.

Victoriano.Finales del siglo XIX:
(1860-1880)
Cuando parecia que la crinolina iba a alcanzar un tamaño fuera de toda lógica, se fue recogiendo hacia atrás, con lo que quedaba suelta una gran cantidad de tela formando un polisón y una cola de corte y adornos complicados. Los vestidos de dia tenian un corpiño ajustado y de cuello alto, y unas mangas largas hasta la muñeca, con puños franceses. Los trajes de noche eran magníficos, muy escotados y tan sólo con un vestigio de manga. Las telas, suntuosas, se solían combinar en un mismo conjunto, adornadas con plisados, flecos, galones y cintas. Unos rodetes de pelo postizo sostenían los elaborados peinados, adornados con bucles, moños y flequillos ensortijados, y los sombreritos ribeteados se llevaban ligeramente en lo alto y algo inclinados.
En 1870, la cola se recogía en el llamado polisón, que precisaba de una "cintura de avispa"; para conseguirla, las damas llevaban un larguisimo corset que moldeaba el busto, la cintuta y las caderas. Como este adminículo complicaba los abrigos y las chaquetas, se pusieron de moda los chales a juego con el vestido. Las capotas dejaron paso a los sombreros, que se llevaban muy pequeños. Hacia 1880, el polisón se redujo de tamaño y se fabricó con alambres, modelos ligeros que aliviaron la incomodidad de las señoras.



1890. Camino del fin de siglo desapareció el polisón y las faldas recogidas con pliegues y colas. Los vestidos se cortaban al bies y las faldas, que quedaban acampanadas, se ajustaban cómodamente a las caderas. Fue la época dorada de las blusas de encaje, que se pusieron de moda tanto para diario como para los trajes de tarde; las damas llevaban cuellos altos sujetos con finas varillas parecidas a las de un corset. A juego con la ropa de calle, las damas tenían distintos sombreros de paja; además adornaban el peinado con peinetas y cintas. También se recuperaron del siglo XVIII las moñas o carambas, que consistian en lazos y escarapelas hechas con cintas de terciopelo o seda. Las damas de aquella época dormian incluso con una cofia de batista fina y encaje.

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Re: Historia del vestido

Mensaje  Invitado el Sáb Jul 31, 2010 9:33 am

Pedro, toda esta información creo que se va transformar en una escena, se me ha ocurrido algoooooooooo¡¡¡¡¡¡

Un besazo

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Re: Historia del vestido

Mensaje  M.Nieves el Sáb Jul 31, 2010 11:39 am

Muchísimas gracias, tomo apuntes de lo que nos cuentas. A propósito muy claro y sencillo.
Besos, M.Nieves

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Re: Historia del vestido

Mensaje  Marver el Lun Ago 09, 2010 1:13 pm

bueno, bueno he pasado un buen rato gracias por ponerlo y hbaer que se le ocurre a trivi, jajaja

Marver

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